You are browsing the archive for Sobre nosotros.

Ciencia diurna y ciencia nocturna

27/03/2013 in Night science, Sobre nosotros

Dos sombras en el sótano de un gran edificio. Movimientos bruscos y torpes. Resultados negativos y repeticiones continuas. Expectativas elevadas; miedo al fracaso. Un laboratorio ajeno y materiales prestados. Desaliento por no haber terminado a tiempo un experimento que no podía demorarse más de tres semanas. Rivales y amigos asoman su cabeza por el marco de una puerta, con muecas de desconfianza. Frustración, desesperanza. Enfado, tristeza y necesidad de aire fresco en una playa cercana. De repente, una idea luminosa y retorna la fuerza. Último intento; última modificación del experimento. Los nervios causan que un codo golpee accidentalmente un recipiente con material radiactivo que se esparce en una cubeta. Caos, prisas y soluciones al vuelo. El momento de la verdad: la lectura final de los resultados. En unos pocos segundos, un incremento súbito en la medida de radiación puede cambiarlo todo. Las cifras son mínimas, casi nulas; el tiempo se detiene.  En el momento justo, los valores muestran un pico y vuelven a bajar. Justo lo necesario. El perfecto desenlace. La incredulidad y la alegría se mezclan en una nube de delirio que embriaga la habitación. Gritos, abrazos, bailes. La grandeza de un hito de la ciencia.

El ambiente de aquel sótano de Cal Tech debió ser extraordinario. Un experimento nacido en el momento y lugar adecuados acababa de mostrar nada más y nada menos que la primera evidencia experimental de la existencia del RNA mensajero. Un éxito sin parangón conducido a la luz gracias a la ciencia nocturna.

Años después, uno de los dos protagonistas de la anterior historia explicaba que “la ciencia en periodo de gestación presenta dos aspectos. Lo que se podría llamar la ciencia diurna y la ciencia nocturna”. Y las describía así:

La ciencia diurna pone en juego unos razonamientos articulados como engranajes, unos resultados que poseen la fuerza de la certidumbre. […] La ciencia nocturna, en cambio, vaga a ciegas. Duda, tropieza, retrocede, suda, se despierta sobresaltada. Cuestionándolo todo, se busca, se interroga, se corrige sin parar. Es una especie de taller de lo posible donde se elabora lo que se convertirá en materia de la ciencia. Donde las hipótesis no pasan de ser vagos presentimientos, sensaciones brumosas. […] Nada hay todavía que permita afirmar que la hipótesis que acaba de surgir superará su forma primitiva de esbozo burdo para irse afinando, perfeccionando. Si resistirá la prueba de la lógica. Si podrá acceder a ciencia diurna.

François Jacob. La estatua interior (1988).

La ciencia nocturna está principalmente espoleada por el entusiasmo, por la necesidad de descubrir la verdad. Este entusiasmo nos lleva a hacernos preguntas sobre nuestro entorno y buscar respuestas que susciten preguntas nuevas. Y este entusiasmo es el que nos empujó a hacer ciencia. También fue este entusiasmo el que nos llevó a construir el presente blog años atrás. Con una cara nueva y con fuerzas revividas, ahora nos empuja a relanzar una segunda versión. La base seguirá siendo el trabajo colectivo de estudiantes que una vez compartieron una misma aula. Y, aunque la mayoría de entradas que publicaremos tratarán sobre hallazgos producidos por ciencia diurna, principal beneficiaria del sistema administrativo de la ciencia actual, nos declaramos admiradores de la pasión efervescente que es motor de la ciencia nocturna. Del ímpetu arrollador que valora ante todo la pureza del misterio y la iluminación del descubrimiento. La búsqueda de la fascinación y la fascinación de la búsqueda. Sea mediante razonamientos articulados como engranajes o vagando a ciegas, el avance del conocimiento no solo es esplendoroso, sino también demoledor e inevitable, y de él depende nuestro futuro.

Por nuestra parte, intentamos canalizar nuestro entusiasmo en aportar un nuevo grano de arena a la exploración de la realidad, lanzándonos a un camino que es a menudo desolador e incluso doloroso. Pero también queremos compartir el asombro de averiguar cómo funciona el universo. Y, asumámoslo, lo haremos generalmente de noche.